domingo, 22 de junio de 2014

Argentina-Uruguay: una propuesta alternativa


Por José Octavio Bordón, Dante Caputo, Roberto García Moritán, Roberto Guareschi, Federico Merke, Vicente Palermo, Beatriz Sarlo y Juan Gabriel Tokatlian

Resulta esencial precisar un dato singular: la relación entre la Argentina y el Uruguay no es igual a ninguna otra relación que ha mantenido y mantiene nuestro país. Por lo tanto, el nuevo impasse generado por el tema de una pastera localizada en Fray Bentos no puede ser abordado ni resuelto sin comprender y revalidar esa particularidad. Históricamente, cuando a ambos lados del Río de la Plata se impuso el dogma, la mezquindad y el unilateralismo, presuntamente justificado bajo la lógica del dividendo interno, la invocación nacionalista y una mirada de corto plazo, los vínculos binacionales han sufrido gravemente. Por el contrario, cuando los principios, la buena fe y el accionar conjunto han prevalecido—aceptando las responsabilidades recíprocas, un ethos cosmopolita y un enfoque de largo plazo--los beneficios han sido amplios, tanto para los Estados como para las sociedades.

Bajo este marco de referencia, llevar otra vez el tema de la pastera a la Corte Internacional de Justicia en busca de un eventual fallo jurídico favorable ignorando dos siglos de historia y de desafíos compartidos es una alternativa que no necesariamente garantiza la resolución del litigio. Puede incluso no prevenir la reiteración de situaciones semejantes y, a su vez, crear un distanciamiento innecesario y contraproducente entre argentinos y uruguayos. Básicamente, ninguna corte puede explorar y ponderar la intimidad política de los dos Estados, sus necesidades legítimas, sus verdaderos espacios de negociación, sus prudentes concesiones.

Por lo anterior, no se requiere solo un fallo, cualquiera sea su resultado, sino una resolución política. En ese sentido, el camino más apropiado es solicitar a un  grupo de países amigos que a través de los representantes de sus presidentes (por ejemplo, los cancilleres) asuman esa tarea, indagando las posibilidades de encontrar un camino para un acuerdo concreto y sostenible entre nuestros países. En América Latina, esa patria común que comparten y reivindican los dos mandatarios de la Argentina y el Uruguay, este método fue aplicado en varias situaciones y con resultados muy positivos. No en vano hemos sido y somos la región más pacífica del mundo en materia de disputas bilaterales.

A la vez que se pone en marcha este mecanismo es indispensable que se informe con plena transparencia a las sociedades de ambos países sobre el estado ambiental presente, niveles de producción, datos de contaminación, planes de adecuación, mejoras en los controles, entre otros. Si varios de los dilemas que están en el origen de esta cuestión han sido la asimetría de poder entre actores, la pobre comunicación, la opacidad de la información, el alcance de la soberanía, entonces Buenos Aires y Montevideo deben hacer más y mejores tareas comunes y convergentes para que nada de lo ocurrido vuelva a suceder.  

En síntesis, existe una vía alterna para solucionar la delicada coyuntura que hoy aqueja a la relación excepcional que la Argentina tiene con el Uruguay. En esa dirección, es bueno siempre recordar que el arte del buen político es resolver un problema, jamás exacerbarlo. Se trata, en lo fundamental, de canalizar el disenso natural en aras de asegurar el interés general.

Fuente: INFOPUNTUAL

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