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sábado, 20 de agosto de 2011

Que bueno es decir que se lo advertimos!!!

Informe: UPM no contamina; río Gualeguaychú con valores altos
CARU. Polémica entre los dos países por temperatura del agua vertida

Los resultados finales del primer monitoreo binacional sobre la planta de celulosa UPM concluyeron que el río Uruguay se mantiene en parámetros permitidos. Donde sí advirtieron valores por encima de lo normal es en el río Gualeguaychú.

Los análisis realizados en Canadá para determinar el nivel de contaminación de la planta de celulosa UPM sobre el río Uruguay demostraron que los valores se ajustan a lo permitido y que la pastera no contamina. Sin embargo, según informaron fuentes oficiales, se advirtió que en la desembocadura del río Gualeguaychú (donde también se tomaron muestras) los indicadores están "levemente" por encima de los parámetros admitidos.

A esa desembocadura van a parar residuos provenientes del Parque Industrial de la ciudad argentina.

domingo, 3 de febrero de 2008

Visita a Botnia (I)

Hubiera sido fácil encontrar hoy un título jocoso, habida cuenta la patética deformación que la prensa de Gualeguaychú está haciendo del incidente de ayer en Botnia. Habiendo estado dentro en el momento en que supuestamente "reventó un silo que contenía pasta de celulosa semilíquida y se derramó amenazando así llegar al Río Uruguay". Además, ya que la información de la siempre fidedigna Radio Máxima dice que "Personal de la empresa, además, les quitó los celulares a los camioneros para que no fotografíen lo que está ocurriendo en la planta, que en estos momentos no estaba produciendo debido a otro accidente ocurrido en la noche del lunes." podríamos haber aprovechado el hecho de que no me requisaron el celular a mí, ni las máquinas de fotos a los demás, ni siquiera la filmadora a Alejandro, como para actuar de "paparazzi" y recolectar jugosa información que vender a los medios de prensa.

Desgraciadamente nos tuvimos que conformar con sacar fotos comunes y corrientes, no percibir ninguna explosión, no tener que chapotear en celulosa semilíquida, ni siquiera (lo cual fue realmente de lo más irritante) poder percibir el dichoso olor. Así que dejemos que el Sr. Bahillo, Intendente de Gualeguaychú, que gaste el dinero de los contribuyentes en hacer análisis del río para detectar algo que nunca existió. Por si se lo preguntan, hubo un accidente que fue la rotura de un caño en la zona de blanqueo, nunca hubo ningún silo que reventara, no hubo un derrame de celulosa semilíquida sino lo normal cuando se rompe un caño, jamás hubo el menor peligro de que nada llegara al río y los nuevos análisis darán lo mismo de siempre, nada. Igual, no le quitemos las esperanzas a Don Juanjo de que Botnia algún día contamine.

Al llegar intercambiamos documentos por acreditaciones. No más casco blanco, innecesario y desaconsejado a menos que estemos en una obra en construcción. Alejandro en la imagen muestra orgulloso su acreditación de "prensa". Todos quisimos ser periodistas alguna vez en la vida, ahora lo fuimos por un rato. Periodistas sin fotógrados, las fotos para demostrar que estuvimos las sacamos nosotros mismos, así que sepan perdonar la calidad. Mientras esperábamos que nos vinieran a buscar a la puerta de entrada tuve la oportunidad de hablar con un par de fraybentinos y de saber qué piensan ellos del tema. En particular uno de ellos, que maneja una van para llevar y traer gente entre Fray Bentos y Botnia me contó también sobre su tarea extra de mantenimiento de los semáforos. Y ese fue un poco el sentimiento general que percibí. Gente que hace cosas para las que no se requiere extremada especialización y que antes no se hacían, simplemente porque ahora existe el "big monster". No me cabe duda del resultado que arrojaría una votación popular en Fray Bentos sobre si desean o no que Botnia se quede.

Al llegar a la entrada propiamente dicha y bajar de las van, primer testeo organléptico. Profunda inspiración y análisis. Hay olor. ¿Cómo describirlo? Olvídense de los huevos podridos, los zorrillos y el coliflor hervido. A mí me hace acordar a algunas cosas que he comido con frutos de mar. No es molesto para nada, uno tiene que hacer cierto esfuerzo para acordarse de percibirlo. Pasadas las puertas automáticas no queda ni traza del olorcito.
Y en el hall aprovechamos a fotografiar a dos grandes entre los grandes, Don Jorge Balseiro y Don Mario Féliz. Ascensor y primera parada, el comedor, donde nos reciben con café y agua mineral, medialunas pequeñitas de jamón y queso, y mucha confraternidad.

Durante las siguientes dos horas y media al menos, nos expusieron sobre la tecnología de la fábrica tres de los cinco gerentes de Botnia, los Ing. Eugenio García (Gerente de Producción), Bruno Vuan (Gerente Técnico) y Gervasio González (Gerente de Medio Ambiente) con ocasionales intervenciones de Sami Saarela (Gerente General). Exposiciones sólidas y continuamente de ida y vuelta. Entre los presentes habían unos 20 Ingenieros Químicos y Doctores en Química, por lo que se ingresó en bastante detalle en los temas que en general más preocupan desde el punto de vista técnico, incluyendo emisiones, inmisiones, métodos de control, seguridad de los operarios. Esa parte la podemos dejar ahora un poco de lado, pero creo que la opinión fue bastante coincidente entre argentinos y uruguayos acerca de que no sólo no se oculta nada sino que efectivamente la planta está obteniendo registros ambientales excelentes. Las gráficas muestran que en varios casos los resultados son mejores y mucho mejores que los de las propias plantas finlandesas. El chiste de los oyentes fue que probablemente ahora empiecen a haber reclamos ambientales en Finlandia para que las plantas allá emitan tan poco como la de Fray Bentos.

Luego del almuerzo hicimos la recorrida de la planta. La primer parada fue el centro de control de la fábrica, donde lo que llama la atención, aparte de las decenas de monitores, es la juventud de los operarios, a ojo no creo que hubiera presente nadie mayor de 25 años. La sala está dividida en islas, donde se controlan todas las etapas de los procesos, tanto de la producción de celulosa en sí misma, como del tratamiento de efluentes gaseosos y líquidos, y la producción de químicos en la planta de Kemira. Ahí pudimos observar, por ejemplo, como pese a que la producción de celulosa estaba parada, las calderas auxiliares estaban trabajando para alimentar la planta de Kemira y la planta de tratamiento de efluentes líquidos, que seguían en actividad.

Visita a Botnia (II)

La fábrica presenta dos aspectos relevantes, el externo y el interno. Los cilindros que perlan la estructura externa de la fábrica son grandes ollas donde se realizan procesos químicos. Por ende la visita interna no es aconsejable. Si es en cambio interesante irlos apreciando desde los distintos niveles, subiendo los distintos pisos del edificio que alberga las oficinas y la caldera de recuperación. Desde allí se tienen magníficas vistas, por ejemplo, del patio de maderas, donde se produce el proceso de chipeo y de acumulación de chips que son luego llevados hasta el digestor donde se producirá el proceso Kraft.

En las dos fotos de abajo se observa la cinta de transporte y una de las pilas de chip desde el nivel del suelo, y todo el patio de madera (incluso con troncos a la izquierda de los contenedores). La presencia de dos pilas responde a que se hace una separación por la especie de eucaliptus que se procesa.

Uno de los aspectos interesantes de ir subiendo piso a piso y observando las estructuras a medida que se sube es la posibilidad de observar los kilómetros de cableado que recorren la estructura, tal como se aprecia en la foto de la derecha.

A medida que se sube la estructura, la inmensidad industrial cede paso, poco a poco. a la naturaleza nuevamente. Desde lo alto se ve el inmenso río y se aprecia toda la extensión que va entre la fábrica y M'Bopicuá, donde se asoma alguna montaña de chips istos para embarcar, y el hoy inútil puente que bosteza su desesperanza sobre las aguas. Una mirada un poco más hacia la izquierda permite ver las piletas de tratamiento de efluentes, la planta de Kemira (al fondo a la derecha de la foto) y el puerto techado (la estructura sobre el río en el medio de la foto).

El interior de la fábrica contiene espacios inmensos donde, dependiendo de la aficción de cada uno, se pueden encontrar los mecanismos más divertidos. Alejandro quedó fascinado por las turbinas de producción de energía y los chiquicientos mecanismos de control y regulación. A mí me llamó mucho la atención todo el cuarto de sensores para la medición de gases, uno de los tópicos que hemos discutido bastante en los últimos meses y que discutiré en el próximo artículo.


Pero también me llamó poderosamente la atención el ambiente de "Alien el octavo pasajero" que hay en ciertas partes de la fábrica. Esos pasajes con pisos enrejillados, y la miríada de tubos relucientes que cruzan de una a otra parte, le dan un aspecto interesantísimo de obra de ciencia ficción. Ningún monstruo con cabeza de martillo y monstruito bucal subsidiario interrumpió nuestro paseo, por suerte.


Tuvimos la oportunidad también de visitar los dos extremos de la emblemática chimenea. Por el lado de abajo, el edificio que es en realidad una envolvente para otras cinco chimeneas que se encuentran empaquetadas dentro, presenta una sección de acceso, desde donde se pueden observar los fondos de los inmensos tubos (un cable colgando es una conexión temporal para uno de los estudios de monitoreo y calibración que estaban efectuándose ese día.


Subimos también hasta lo más alto del edificio de oficinas, desde cuyo techo se puede apreciar claramente el remate de la chimenea. Una ligera pluma de vapor de agua da fe que la fábrica no está completamente apagada. Y algunas chicharras en el piso dan fe que la vida silvestre en la zona no ha sido exterminada por la fábrica en funcionamiento.

Y la última foto desde el ápice, obligada por cierto, la imagen del río en la dirección de Ñandubaisal y Gualeguaychú que, por supuesto, son indistinguibles en el horizonte. Un ejercicio de vista e imaginación nos permitió localizar un trozo de arena que supusimos sería Ñandubaisal, y una cierta mancha lejana nos permitió hipotetizar que eso sería la chimenea de Unilever. Las condiciones climáticas tampoco se prestaban para una buena visibilidad, pero está clarísimo que la contaminación visual es inexistente por donde se lo mire. Y aunque en la foto no se ve, a la izquierda de la misma, detrás de la punta que se ve sobre el río, aguas abajo espera Las Cañas, playa certificada como PLAYA NATURAL por el LATU y Quality Austria una de las mejores empresas internacionales de certificación de calidad.

Visita a Botnia (I) - Visita a Botnia (III) - Visita a Botnia (IV)

Ver todas las fotos de la visita a BOTNIA 29/01/08
Cortesía Las cosas de Néstor

Visita a Botnia (III)

Para iniciar esta tercera parte, donde quiero hablar de los procesos de control, monitoreo y mitigación de la contaminación, es conveniente que volvamos un poco para atrás y nos situemos nuevamente en el "control room". Allí, en múltiples pantallas dispuestas en paralelo se monitorea de continuo la actividad de los distintos sectores de la planta. Por ejemplo, las pantallas de arriba se encuentran en la isla correspondiente a Kemira y la elaboración de productos químicos. En una de las pantallas se observan las gráficas de los distintos parámetros de control a medida que los valores van llegando a los monitores, es decir, en tiempo real.

Los operarios están encargados de un conjunto de monitores y usualmente se los veía de a pares, con walkie-talkies comunicados con los lugares donde los procesos efectivamente estaban sucediendo y con una buena cantidad de respaldo en papel de planos de la ingeniería de la fábrica. El despliegue de datos y esquemas es a primera vista bastante apabullante, porque va desde los propios mecanismos de control, hasta la temperatura y la concentración de gases en hornos y chimeneas, pasando por los esquemas de los procesos, flujo de electricidad y vapor, etc, etc.
Desde el cuarto de control entonces uno camina a través de la fábrica real, las máquinas y tuberías que son controladas desde las pantallas que ya vimos. No sé si con el paso de los muchos años esos tubos que surgen en direcciones inverosímiles en espacios amplísimos y cavernosos tomarán otro aspecto, pero la imagen actual es como si tuvieran un equipo de personas dedicadas a sacarle lustre. La impresión de estar dentro de una películas de Stanley Kubrick es marcadísima. Saliendo del edificio principal de la fábrica, en el nivel cero, se accede a la base de la enorme chimenea, que ya vimos en el artículo anterior.
En la foto de la izquierda se aprecia la abertura por la que se puede ingresar a la base de la chimenea, de donde saqué las fotos que están en el artículo anterior de la base de la misma. A la izquierda de la fotografía se ven las calderas auxiliares, que estaban funcionando para alimentar de electricidad y vapor a las partes de la fábrica que estaban en operación y a la derecha, bastante inconspicua, se ve una pequeña habitación con puerta y un aire acondicionado.

En esa habitación se alojan todos los aparatos para medir los gases y polvo eventualmente contaminantes que surgen por las diversas chimeneas. El día de nuestra visita se encontraba un equipo finlandés realizando pruebas de calibración. Para ello se usan gases estandarizados y equipos certificados adicionales a los empleados normalmente para el control. Además de esos aparatos, que estaban ahí por una actividad específica, en la pieza están los racks con los equipos de monitoreo de gases y de polvo. Las fotos que pongo a continuación dan una idea de los diferentes aspectos monitoreados (Polvo, SO2, NOx, O2, TRS, etc). Obsérvese que estos son los datos de emisión, no de inmisión. Los datos para monitorear el ambiente se toman en una estación que está a 2 km de la planta en dirección a Fray Bentos. Estos datos aquí son los que uno respiraría si pusiera la nariz directamente en la boca de la chimenea. Les dejo a Uds que se diviertan comparando números.



Saliendo ahora de este cuarto vamos hacia otro de los puntos de control que ha suscitado cierta controversia. Recordarán Uds. que la ACAG insiste con la existencia de 11 misteriosos pozos por los cuales a veces se sostiene que se está robando el acuífero Guaraní y a veces que se usan para esconder el licor negro y los desechos contaminantes que no quieren mostrarse ante el mundo. Alentados por el misterio en torno a los dichosos pozos fuimos a ver uno de ellos, que se muestra en la foto. Los pozos son los puntos de control que posee el LATU para testear las napas subterráneas, ni más ni menos. Pero pudimos comprobar que los inescrupulosos industrialistas le han puesto una pequeña bomba al pozo y lo usan nada menos que para... regar el pasto que aún no ha nacido en torno al pozo. En fin, otro misterio maravilloso que se desgaja inconsecuente del imaginario del monstruo.

De allí nos fuimos a visitar la planta de tratamiento de efluentes líquidos que ocupa una buena porción del terreno. La primer parada fue en la pileta cilíndrica donde el agua recibe el último tratamiento antes de ir al río. Esta pileta tiene una especie de enorme rastrillo que va girando lentamente y recogiendo al centro el lodo biológico y devolviéndolo a las piletas rectangulares donde se hace el proceso principal. De esta pileta cilíndrica el agua sale prácticamente igual a como se tomó del río, es decir... ¡no potable!. Pero cristalina. Dado que la planta no está en funcionamiento, todo el sistema estaba funcionando en ciclo cerrado, recirculando una y otra vez el contenido de las piletas pero sin verter nada al río. Los vertederos son una especie de "peines" con ranuras por las que normalmente salen los chorros de agua (y donde se diera la heroica foto de la bebida de un vasito de líquido... ¡puaj!). Como se ve en la foto, hay algunas formaciones de musgo alrededor, lo que indica que no debe ser muy tóxico ese efluente. Recordemos además que este efluente debe llegar al río a menos de 30 grados y en conjunto no hacer que la temperatura del río varíe en más de 2 grados.

Las piletas donde se da realmente el trabajo de las bacterias son un par de enormes estructuras rectangulares llenas de líquido, donde la apariencia es completamente diferente a la de la pileta cilíndrica. En la primera de las dos figuras se aprecia al fondo el edificio que contiene los sistemas de enfriamiento, para que el efluente llegue a las piletas a la temperatura óptima para ser procesado por las bacterias (alrededor de 36-37 grados).Por debajo de la estructura central roja que se ve en la figura va un conducto que devuelve el lodo biológico rescatado de la pileta circular a las piletas de tratamiento. En la segunda foto, hacia el centro de la imagen, se ve el chorro que surge del conducto central hacia la pileta.
Como decía, la apariencia del agua en estas piletas es completamente diferente. No sólo se ve la espuma que se puede apreciar en las fotos anteriores, sino que se ven flóculos que corresponden a las colonias de bacterias que alegremente trabajan para deshacerse de la inmensa mayoría de los eventuales contaminantes. Y de ahí nos fuimos al puerto, pero esa es otra historia que quedará para la Parte IV de este artículo.
Visita a Botnia (I) - Visita a Botnia (II) - Visita a Botnia (IV)

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Cortesía Las cosas de Néstor

Visita a Botnia (IV)

Elegí iniciar esta última entrega de este artículo en cuatro partes con una fotografía que tiene para mí un alto valor simbólico. Argentinos y uruguayos, uruguayos y argentinos mezclados, a la orilla del río que compartimos, mirando hacia ese Entre Ríos que la demencia fundamentalista de un puñado de irreductibles se empeña en mantener aislado de la racionalidad y el progreso.

La última parada de nuestro recorrido fue el puerto de Botnia, ese puerto que los activistas insisten en calificar de "ilegal" sin tener idea de lo que dicen.


Hacia un lado la vista se extiende por la explanada y discurre a lo largo del río, con la ensenada de la playa Ubici a la izquierda y las islas entrerrianas a la derecha. Hacia el otro lado, la inmensidad visual del puente que, grácil, majestuoso e inútil insiste en tender los brazos entre dos pueblos que no deberían estar separados por la irracionalidad timorata y dictatorial de unos pocos. Y enfrente nuestro, como monumento patético a los ecólatras de la ACAG, un poste marca el lugar donde muy publicitadamente desembarcaron para instalar un "puesto de observación", en el que valientemente nunca resistieron a los mosquitos ni siquiera por una noche. Uno sólo puede desear que lo blanco que se ve al tope del poste no sea la gloriosa bandera de la República Argentina. El resto de los argentinos no se merece ese agravio.

El puerto propiamente dicho consta de la inmensa explanada que se ve en las fotos de arriba y de un hangar que se aprecia mucho mejor en la foto desde la torre central, a la distancia sobre el río (el edificio con los extremos pintados en amarillo). Dentro del hangar hay sitio para dos de las enormes barcazas que transportan la celulosa.




Cuando nosotros visitamos se encontraban en el sitio dos de ellas, una que transporta del orden de 3.000 toneladas (las dos fotos de la izquierda) y otra que transporta unas 1.500 toneladas, la foto de la derecha. Esta fue la famosa barcaza que al encallar en el río sufrió las pintadas de los activistas grafiteros en un recordado episodio que terminó costándole el puesto a los Prefectos de Gualeguaychú.

El hangar es una inmensa estructura cavernosa, en la cual las personas parecen completamente liliputienses. De hecho, es tan grande que prácticamente pasa desapercibida la enorme grúa que de una sóla vez puede cargar paquetes de 48 toneladas de celulosa en cada una de las barcazas.La celulosa va empaquetada en fardos que se apilan entre sí y se atan hasta formar los enormes paquetes que son manipulados por la grúa y dispuestos prolijamente dentro de las barcazas. Cuando éstas se llenan salen rumbo a Nueva Palmira, lugar donde está el depósito de acopio de celulosa y donde se cargan los buques de ultramar que la llevan luego a los mercados internacionales (aunque ya es un hecho que Botnia está también vendiendo celulosa a productores locales de papel en Uruguay, aunque en pequeñas cantidades, dado lo reducido del mercado).


Inés, una de las Ingenieras Químicas de Botnia, observa el cargamento de la barcaza medio llena. Ella es uno de los jóvenes profesionales que gracias a que estos emprendimientos existen encuentran una salida laboral que se veía un tanto incierta cuando empezaban sus estudios. Como siempre hemos insistido los uruguayos, no sólo se trata de esos paquetes blancos que salen por los puertos, sino de esos jóvenes orgullosos y de mirada brillante que sienten que tienen el pie en el acelerador, o de esos profesionales que construyeron las barcazas en una industria naviera que empieza a despuntar de nuevo en Uruguay. Efectos colaterales buscados y obtenidos para un país en desarrollo y saliendo del estancamiento.
Termina acá nuestra visita a Botnia. Una discreta escultura de troncos de eucaliptus nos recuerda que este es otro paso más en la dirección de terminar nuestra dependencia del monocultivo de la vaca. La chimenea del Anglo marcó ayer el presente de Fray Bentos, la chimenea de Botnia lo marca hoy. Hoy como ayer, el presente industrial significa desarrollo, significa arraigo, significa orgullo de poder pertenecer y ser, de producir y ser recompensado por hacer y no por languidecer.Y entretando, el Río de los Pájaros Pintados sigue fluyendo mansamente, su color confundiéndose en el atardecer tormentoso con las nubes del cielo. Ojalá pronto ese río vuelva a unirnos como ya lo supo hacer, cuando prime nuevamente la racionalidad y la hermandad.

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Cortesía Las cosas de Néstor