Versión corregida de la exposición que brindara el analista ambiental Luis Anastasía en la conferencia 'Desarrollo estratégico, investigación e implementación de tecnologías ecológicamente inteligentes' organizada por Uruguay de las ideas (1º de junio de 2006)
Desde hace tiempo está presente en la sociedad un debate
sobre la cuestión de la instalación de plantas de celulosa. Asociado a este
tema hay otro debate sobre la conveniencia o no de la forestación con fines de
obtener materia prima para la producción de pulpa de madera y madera aserrable.
Este debate es históricamente anterior al de las celulosas aunque ahora ha
tomado más relevancia.
La forestación está identificada de ser culpable de varios
efectos negativos, como provocar desertificación, agotar y empobrecer los
suelos, llegar a niveles tóxicos de algunos elementos presentes en el suelo,
afectar negativamente la disponibilidad de agua subterránea, desplazamiento de
la ganadería y otros cultivos y aumentar la emigración rural, por mencionar
algunos.
Hagamos un repaso de los aspectos relacionados con la
forestación y analicemos, entonces, en su conjunto este problemático tema.
Un Poco de Historia
El nombre eucalipto proviene del griego (bien cubierto)
definiendo una característica de sus flores, ya que los pistilos y los
estambres están protegidos por una tapa. El nombre engloba a un grupo (género)
de más de 500 tipos[1] (especies y subespecies) de árboles, originarios de
Oceanía, específicamente Australia y algunas islas al norte de ese
continente. Se adapta a un amplio rango de ambientes, con la excepción que no
es muy bueno para soportar climas fríos. Actualmente el eucalipto es parte del
paisaje en prácticamente todo el mundo entre los paralelos 40 al Sur y al Norte
del ecuador.
En Uruguay fueron introducidos desde el Cabo de Buena
Esperanza en el año 1853. El empresario y arquitecto paisajista José de
Buschental fue quien le dio el mayor impulso a su uso. Actualmente todavía
existen en el residencial barrio de El Prado en Montevideo eucaliptos de más de
140 años plantados por él.
Aprovechando sus principales características de rápido
crecimiento, buena producción de madera y follaje, se utilizó inicialmente como
plantación de protección y abrigo, incluso siguiendo las líneas de las antiguas
rutas, y para el suministro de madera para combustión tanto en industrias como
uso doméstico.
Actualmente es una de las especies que más expansión tiene
en su plantación destinada a la generación de materia prima para la producción
de maderas aserrables, pulpa de celulosa y papel. En América Latina quien tiene
la mayor superficie forestada con eucalipto es Brasil con cerca de 3 millones
de ha, seguido por Uruguay, Chile y Argentina.
Regulación de las Plantaciones en Uruguay
En la década de 1960 se crea un equipo de trabajo, la
Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE) cuyo objetivo fue recabar
toda la información necesaria para conocer el Uruguay en aquel momento,
investigación que no se hacía desde 1908. A partir de la información relevada
se realizó un análisis prospectivo, entre otras cosas, para diversificar la
producción en el país en un momento de estancamiento pasada las ventajas económica
circunstanciales que significó la colocación de productos durante las guerras
mundiales y la de Corea.
De ese trabajo surgieron varios textos de base para una
serie de leyes y planes. Entre otros se realiza la ley de reforma agraria, una
ley de viviendas, el plan azucarero, y lo que viene al caso surge de esa
comisión la carta de suelos del Uruguay y la Ley Forestal No. 13.723 del año
1967. En esa ley ya fueron definidos los suelos de prioridad forestal.
Sin embargo, el punto de partida del verdadero desarrollo
forestal no ocurre hasta el inicio de la década de 1990, luego de promulgarse
la Ley 15.939 de diciembre de 1987. Esta ley, reglamentada en los decretos
452/88 y 333/90 entre otros, recoge como antecedente la anterior ley
incorporando además como suelos de prioridad forestal los de serranías de
laderas medias, llegando a una superficie de 1:768.263 ha.
Además se expresa claramente una política de largo plazo
para llegar, finalmente y en un futuro cercano para aquella época, a la
expansión de la industria y la economía forestal. Como herramienta
fundamental en la ejecución de esa política, considerando que es un
negocio de largo plazo de retorno de capital, quedó definido que el
estado subsidiaba las plantaciones e inversiones relacionadas, donde el
forestador recibía un reintegro (50% del valor ficto de la plantación) del
capital invertido en el cultivo si tenía éxito y la exoneración impositiva
total a la superficie cubierta de bosques, entre otras medidas de promoción.
Pensemos que no es un cultivo de ciclo anual sino que hay
que esperar un mínimo de 8 a 10 años para poder cosechar y obtener un resultado
económico. Pero pensemos también que la aplicación del subsidio y las otras
medidas de promoción representó uno de los pocos casos donde el estado es
socio en la inversión en este negocio y no solamente socio en las ganancias, a
través del cobro de impuestos.
El subsidio lo podemos definir como una inversión por parte
del Estado para el desarrollo de esta industria. Como toda inversión, ésta
también puede ser estudiada para evaluar cual es el retorno esperado (tasa
interna de retorno, TIR) en un determinado plazo. En este caso, de acuerdo al
estudio realizado por el Ing. Agr. R. Vázquez Platero[2] el retorno esperado
es del 30% a 30 años. Este subsidio caducó y ya no es aplicable para nuevos
proyectos forestales (Ley 17.905 de setiembre de 2005).
Resulta destacable y de sumo interés el Código Nacional de
Buenas Prácticas Forestales, publicado en setiembre de 2004, un trabajo de síntesis
de normativas y procedimientos a aplicar en toda forestación, realizado por la
Dirección General Forestal (DGF) del Ministerio de Ganadería Agricultura y
Pesca; la Dirección Nacional de Medio Ambiente (DINAMA) del Ministerio de
Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente; el Instituto Nacional de
Investigaciones Agrícolas (INIA); la Facultad de Agronomía – Departamento
Forestal; la Asociación de Ingenieros Agrónomos de Uruguay; la Sociedad de
Productores Forestales y la Asociación de Empresas Contratistas Forestales de
Uruguay.
La legislación forestal está siendo revisada y actualizada.
El Decreto del 16 de junio de 2006 del MGAP[3] modifica la lista de
suelos de prioridad forestal retirando algunos e incorporando otros como los
suelos del grupo 2 en los departamentos de Cerro Largo y Treinta y Tres en el
Este del país (superficie aproximada 850.000 ha), y otros suelos en algunos
sectores del departamento de Maldonado y de Canelones. En el mismo
decreto se promueve la forestación en todos los predios, siempre que no superen
el 8% de la superficie, con la clara intención de ampliar la base incluyendo a
los pequeños productores.
La Ley de Protección Ambiental 16.466 del año 1994 define la
política nacional y los mecanismos aplicables para la defensa del ambiente. El
decreto reglamentario de la ley, No. 435/94 (art. 2, num. 24) establece que los
proyectos de “explotaciones hortícolas, frutícolas o vitícolas de más de 100
ha” requieren una autorización ambiental previa (AAP). En el numeral 26 define
que también los proyectos de forestación de más de 100 ha necesitan también una
AAP, pero exceptuando los bosques definidos como de rendimiento (Dec.
452/88), ya que éstos estaban bajo la jurisdicción, control y monitoreo de la
DGF. En el Decreto 349/05 esto se modifica quedando expresado en el numeral 30
del artículo 2 que “las nuevas plantaciones forestales de más de 100 ha en un
establecimiento o unidad de producción” necesitan de la AAP, a gestionar ante
la DINAMA y en coordinación con la DGF.
Hasta aquí tenemos una síntesis de las leyes y decretos
aplicables a estos proyectos. Sin embargo es importante destacar que existe una
normativa de aplicación voluntaria. Para este caso específico de la protección
ambiental y manejo sustentable se toman en cuenta las ISO 14.000 y las normas
del Consejo de Manejo Forestal (Forest Stewardship Council – FSC). Las normas
ISO 14.000 tienen como objetivo que la organización debe minimizar los efectos
negativos causados en el ambiente por su actividad y tener un mejoramiento
continuo en su comportamiento ambiental, mediante mecanismos de certificación y
auditoría permanente. Las normas FSC marca las pautas para garantizar la
trazabilidad de los productos maderables obtenidos de bosques gestionados de
forma ambiental, social y económicamente sustentables. En Uruguay hay cerca de
400.000 ha forestadas que están certificadas por estas normas.
Evolución de la Forestación en Uruguay
Como en muchos casos, también en la forestación nos hemos
acostumbrado a escuchar contundentes opiniones sin fundamentos o aún basadas en
un total desconocimiento, planteando un escenario negro, terrible y además
mentiroso. El tema de la forestación no escapa a este esquema de pensamiento.
He escuchado y leído declaraciones de personas que afirman que la mitad del
país ha sido forestado con eucaliptos. Y, como siempre, nada más lejos de la
realidad.
En primer lugar, consideremos que la superficie total del
país es de 17:622.000 ha. Dicho esto, la superficie de suelos de
prioridad forestal de 1:768.263 ha es aproximadamente el 10% de la superficie
del país.
Sin embargo, al estudiar los datos disponibles en los
registros de la Dirección General Forestal vemos que en el año 1990, en todo el
país, las hectáreas forestadas eran 45.460. Al año 2005 se alcanza una
superficie de 714.081 ha. En términos porcentuales, esto significa el 4,05% del
país contemplando la totalidad de la forestación cultivada, de las cuales
464.401 ha son de todas las especies de eucaliptos.
En este punto es importante hacer una precisión ya que hay
un aspecto que nadie toma en cuenta cuando se refiere a este tema. Cuando se
habla de “superficie forestada bajo proyecto” implica que están incluidas las
áreas para caminería y linderos, cortafuegos y áreas de protección de cuencas y
monte nativo. En algunos casos eso significa que se foresta efectivamente un
60-70% de la superficie. Aún tomando la mayor ocupación de la superficie bajo
proyecto tenemos que, en realidad, el área efectivamente forestada rondaría en
las 499.860 ha o el 2,8% del país. ¿No les parece, entonces, que estamos
bastante lejos del 50%?
Forestación y Biodiversidad
Una de las tantas expresiones, conceptos, afirmaciones o
acusaciones, como quiera llamarse, cuando se refieren negativamente a la
forestación, identificando al eucalipto como protagonista, es que se hace en
desmedro del monte nativo. Otra vez, nada más lejos de la realidad.
Uruguay tiene como mérito en su política y plan de largo
plazo de la forestación justamente que se realiza protegiendo el monte nativo
de forma explícita, tal como está escrito en la ley 15.939.
En primer lugar, como consecuencia directa del aumento de la
oferta de madera cultivada como combustible, de buen poder calórico y a precio
menor que la leña de monte nativo, provoca que la presión sobre este recurso
natural sea menor. Por otro lado, los propios requerimientos para la aprobación
como proyecto forestal implica la protección de superficies naturalmente
arboladas, quedando como áreas de exclusión de actividades.
El efecto de la aplicación de la normativa es altamente
positiva. En el año 1990 la DGF registraba una superficie de 670.000 ha de
monte nativo, incluyendo áreas de palmares. En el año 2003 la superficie creció
un 21%, alcanzando las 811.000 ha de monte nativo. Solo que a diferencia de la
superficie bajo proyecto, en este caso debemos tomar toda la superficie como
efectivamente bajo la sombra de los árboles. En términos más simples, en ese
período de 13 años el monte nativo aumentó su superficie a razón de casi 11.000
ha en cada año.
Veamos ahora algunos ejemplos de cómo la forestación afecta
la fauna en composición y densidad.
En primer lugar no hay duda ninguna que el cultivo de
eucaliptos, una vez se cierran las copas, ofrecen un nicho de poco valor para
los animales, salvo y fundamentalmente el de protección y abrigo en algunos
casos. Pero lo que resulta más que interesante es conocer lo que sucede en el
área de influencia de estos cultivos que tienen un manejo y control adecuados.
La empresa Forestal Oriental Sociedad Anónima (FOSA) tiene
varios años de actividad silvícola. Entre otros predios, es la propietaria del
establecimiento Mafalda[4], sobre el Río Uruguay en el Departamento de Río
Negro. Este sitio tiene 9.600 ha, destinando 5.200, el 54% del total de la
superficie, a la producción de madera. Mafalda es uno de los 4 sitios
seleccionados por la empresa para realizar monitoreos de fauna en un plan de
investigación que incluyó un relevamiento anterior a la actividad forestal y
luego relevamientos periódicos posteriores al inicio de la forestación,
llevando ya 10 años de investigación. Con toda la información relevada se llegó
a resultados muy importantes indicando no solamente que aumentó el número de
especies en el lugar sino que además se observaron especies que no estaban
incluidas en la lista de país[5]. Lo que puede ser más significativo respecto a
los mamíferos es que encontraron dos especies consideradas extinguidas como el
aguará-guazú y el puma.
EUFORES es una empresa forestal que posee una superficie
total de 52.810 ha distribuidas en varias partes del país. Tiene 8.000 ha que
son gestionadas exclusivamente como áreas de reserva natural. Santo Domingo[6]
es un establecimiento perteneciente a esta empresa, ubicado al Norte del Departamento
de Paysandú. Este es uno de los predios de esta empresa sometido a planes de
mejoramiento y manejo ambiental. Tiene un exhaustivo registro de flora y fauna,
con años de investigación y relevamiento, cuya conclusión es que ha habido un
enriquecimiento del ambiente.
Perteneciente a la misma empresa, y casi su establecimiento
insignia, está M’Bopicuá[7] con. En ese sitio no sólo se ha establecido una
estación de recría y área de reserva de especies autóctonas que ha venido
realizando un notable trabajo, sino que además se hace la preservación de
patrimonio histórico nacional del Saladero de M’Bopicuá (The River Plate
Pressure Meat Preserving Company Limited, 1872-1878). En el lugar también se
han observado especies raras o consideradas extinguidas como el aguará-guazú,
el coendú y el pecarí de collar. Los trabajos de relevamiento de flora y fauna
le ha permitido tener también un exhaustivo registro de los componentes.
La información y datos de investigaciones tanto nacionales,
como estos casos, e internacionales indican que la forestación induce un
aumento significativo en la biodiversidad, aplicando adecuados planes de manejo
y gestión ambiental. Lo más curioso es que si no hubiera sido justamente por el
desarrollo de la actividad forestal, estos estudios y manejos ambientales nunca
se habrían hecho.
Forestación y Suelos
Otra acusación realizada en forma reiterada es que la
forestación con eucaliptos degrada los suelos alterándolos en forma
radical.
Un equipo de la Facultad de Ciencias, integrado por
Céspedes, Panario y Brazeiro, realizó un estudio comparativo de un suelo, de
textura arenosa, bajo cultivo de eucalipto durante 25 años y el mismo suelo
pero que continuó siendo pradera. Ese estudio, sus datos y conclusiones han
tenido difusión en los medios escritos y radiales, incluyéndolos además en el
reciente estudio realizado y presentado por un grupo de esa Facultad[8].
En ese estudio se identifican diferencias en el suelo bajo
cultivo y de la pradera. Las diferencias fundamentales se explican por el alto
consumo de calcio (Ca) que tiene el eucalipto. Este consumo de Ca provoca que
baje el pH[9], aumentando de esa forma la acidez del suelo. El valor más bajo
que presenta un suelo arenoso es de 3,8. En el caso del suelo bajo cultivo de
eucaliptos el valor fue de 4,3. Al bajar el pH, según lo observado, se
destruyen arcillas liberando además aluminio[10]. Por otro lado, los
investigadores comprobaron que no hubo disminución marcada del contenido de
arcillas en las capas superiores, siempre comparando con el suelo que no fue
afectado por la forestación, mientras que encontraron un aumento de arcillas en
niveles inferiores del suelo, interpretando que se debería a formación de
arcillas como consecuencia de elementos liberados durante el proceso de
acidificación de los niveles superiores. El aumento de arcilla en las capas
inferiores induciría una disminución de la permeabilidad del suelo.
A su vez, la disminución del pH, asociado siempre al alto
consumo de Ca, provoca un cambio en la capacidad de intercambio catiónico (CIC)
del suelo. La CIC determina el potencial de fertilidad del suelo en función de
la capacidad de las plantas de tomar los nutrientes presentes. A menor CIC las
plantas están en menor capacidad de extraer nutrientes.
Me permito abrir un paréntesis para pedir disculpas, se que
esto puede resultar engorroso y de difícil comprensión. He tratado de manejar
un lenguaje sencillo para explicar estos procesos y las observaciones y
conclusiones de los investigadores. Mi mayor anhelo es que por lo menos esta
información básica pueda ser comprendida para seguirla estudiando pero ahora en
otro contexto.
Así que, hecha la aclaración, ahora nos cabe hacernos una
pregunta: ¿es el eucalipto la única planta que consume Ca en grandes
cantidades? Pues resulta que no. La siguiente tabla nos muestra los
requerimientos de nutrientes para eucaliptos y otros cultivos.